sábado, 26 de mayo de 2007

Sobre el origen de los Dos Reinos

En la Noche de la Creación, la Sombra estaba en Silencio. Su dominio se extendía por doquier y no existía huella alguna de oscuridad. Todo era Sombra, sin otro atributo que su existencia.

Por Razón que escapa al entendimiento y a la palabra, la Sombra se llenó de Luz sin objeto alguno donde reflejarse. Y esta nueva presencia no cambió su naturaleza, pues desde el comienzo y antes de que existiera su nombre, la Sombra pudo ser Luz y la Luz pudo ser Sombra.

El estado primario del Ser que fue Luz y Sombra a la vez, o más bien, en el que no existía distinción entre la una y la otra, terminó cuando la Luz procuró un Objeto como propósito y se estableció la diferencia entre el antes y el después. Así, Luz y Sombra quedaron separadas por el Objeto y el propósito de cada uno quedó establecido.

La presión inmensa de los dos polos, quebró el Objeto en infinidad de porciones y por reflejo, las múltiples presencias quebraron la Luz y la Sombra en multitud de huellas claras y obscuras, que se proyectaban unas sobre otras.

En el seno de este mar de contrastes, comenzó la Danza del Universo, haciendo su propia música con el choque y la confrontación de las distintas naturalezas. Y a fuerza de estos choques, las porciones del Objeto Original se entremezclaron y se fraccionaron hasta dar vida a una variedad de formas continua y cambiante. Cada forma con su sombra, a imagen y semejanza de la Luz que les dio origen.

Las pequeñas formas pronto sintieron que el límite de su existencia comenzaba en luz y terminaba en oscuridad, pero en su sentir diminuto, no entendieron la diferencia entre luz y Luz, ni la distinción entre sombra y Sombra. El atributo antagónico y evidente entre claro y oscuro, propio de las pequeñas dimensiones, fue mudado a la Inmensidad y los Primeros Hijos de la Creación se vieron divididos en Dos Reinos y su Danza pacífica y armoniosa se convirtió en Lucha Implacable.

Ciclos interminables de Renacimiento y Muerte echaron a rodar y los remolinos de formas cayeron con furia en todas direcciones, nutriéndose de individualidad en cada caída. Con esta tormenta de Caos, nacieron todos los Mundos y sus Arcontes y todas las Jerarquías que bajo ellos encontraron cobija y aliento.

La Luz Única de la que todos fueron hijos quedó reducida a polvo y del polvo nacieron los Planetas y los Astros de Luz que, forzados por el Señor de las Edades, comenzaron a moverse, marcando eternos períodos de luz y de sombra.

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Terminado de transcribir en La Habana el Martes 5 de Diciembre del año 2006 a las 0:40 horas. Estando la Luna conjunta al Cenit, sus Nodos marcaban al Alba y el Ocaso. Júpiter reinaba en la profundidad del Cielo, como buen anfitrión de Plutón, de Venus, y del Sol. Mercurio y Marte, avanzaban impetuosamente por el último decanato de Scorpio, bajo la mirada implacable de Saturno, quien desde su exilio, tensaba cuerdas con Neptuno. Una lluvia copiosa e insólita para la estación, irrumpió en el silencio de la Noche, revolviendo los olores de la Tierra. Tales Fuerzas cristalizaron este escrito.

Yudhiistira

Nueva Escala Meneame de Temperatura. Un modo alternativo de calcular la relevancia de una noticia.

Todos los que hemos leído el algoritmo para calcular el Karma en “Menéame”, podremos atestiguar que es un procedimiento genial, pero no es infalible. Pondré dos ejemplos fuera del mundo hispano, para hacerlo menos picante.

Primero:
En Italia se lleva a cabo una batalla campal por la legalización del “concubinato” o “parejas de facto”. Todos los que creemos en la democracia, entendemos que es un derecho. Sin embargo la opinión pública italiana, influida en gran medida por la postura del Vaticano, no quiere ni oír hablar del asunto. Si un tema como este se sometiera a un “Meneame Italiano” sin dudas recibiría tantos votos negativos que probablemente los Web masters crucificarían al usuario que lo publicó. Es un tema relevante. Tan relevante que incluso sus opositores se movilizan a votar en contra (cosa extraña en estos tiempos!) y sin embargo la noticia quedaría sepultada en una marisma de críticas.

Segundo:
También en Italia (disculpen la insistencia geográfica, es mi realidad de todos los días!). A grandes rasgos, en Italia existen dos polos políticos fuertes “La Margerita” el partido de Prodi (actual primer ministro) y “Forza Italia” el partido de Berlusconi (patrono del Milan, esto parece irrelevante en cuestiones de política, pero no lo es). El gobierno de Prodi, a pesar de sus promesas electorales ha reducido el Subsidio a las Universidades, aprobado leyes que empeoran la condición de los emigrantes (que votaron por él!), en fin un desastre. Por otra parte, Berlusconi hace un par de años, siendo primer ministro, hizo firmar un Ley para evitar que lo llevaran a juicio por monopolio de los medios de comunicación y otras tantas trastadas. En una entrevista reciente, Berlusconi descaradamente dijo que sus electores le decían “compranos a Ronaldiño para el Milan”. Osea que el “Berlusca” más que un político es un hombre de negocios! En medio de este cuadro triste si el tema “Queremos a Prodi” se sometiera al hipotético “Meneame Italiano”, tendría tantos votos negativos como positivos, con pequeñas fluctuaciones en virtud de las condiciones climáticas en las Islas Canarias! Es un tema relevante pero polémico y con opiniones encontradas. Resultado: si los votos negativos valen 3 veces más (ver algoritmo del karma), Berlusconi ganaría las elecciones, aprobaría dos o tres leyes para ganar más plata y le haría una oferta “irresistible” al Real Madrid por Ronaldiño (al estilo “El Padrino”).

Estos ejemplos tal vez ilustren que el Karma de Meneame no aporta toda la información concerniente a la relevancia de un tema, ni a su aceptación. Seria conveniente disponer de otros parámetros complementarios para dar un cuadro completo de la noticia. Una posibilidad sería la “temperatura”.

Utilizando las leyes de la termodinámica, se puede calcular la temperatura de una noticia tomando en cuenta la atención que recibe por parte del público. El valor inicial de la “temperatura” podría ser la “temperatura ambiente” (media de la temperatura de todas las noticias del día, por ejemplo). Luego con cada voto, positivo o negativo, se le sumaría una cantidad de “calor” que aumentaría su “temperatura”.

Si una noticia es muy rechazada significa que es relevante. Y si es igualmente rechazada y meneada con muchos votos contrapuestos entonces es un tema caliente!

De igual forma, y de acuerdo con las leyes del enfriamiento de los cuerpos, al pasar el tiempo, una noticia caliente cede su calor al medio y regresa a la “temperatura ambiente”, es decir, vuelve a ser irrelevante.

Otro detalle interesante es que el valor que se le suma a una noticia con cada voto puede depender de su propia temperatura, permitiendo que cuando la temperatura es suficientemente alta, cada voto cuente más.

La posibilidad de establecer un umbral de “ebullición” (por encima de una cierta temperatura) permitiría de forma clara tener un indicio de cuando una noticia es verdaderamente relevante.

Además, como se suman todos los votos (tanto negativos como positivos), los usuarios evitarían el “voto de castigo” a temas relevantes por temor a promoverlos!

A primera vista, parecería que con esta “temperatura” todas las noticias (incluso las spam) se promoverían, pero no es así. Me he puesto a observar la dinámica de las noticias consideradas spam y resulta que pocas veces reciben más de 5 votos spam, por que simplemente los usuarios no pierde tiempo en leerlas.

Yo no estoy en desacuerdo con el Karma Mename, pero pienso que es incompleto. Esto es solo un esbozo que estoy seguro con el debate se podría mejorar mucho. Y es también una petición al Grupo Meneame para considerar la implementación de esta escala de “Temperatura” alternativa. En fin, si somos una comunidad, entonces tenemos derecho a elegir como se gestionan nuestros votos!



Consideraciones Termodinámicas acerca de la Escala Meneame de Temperatura

Esto es un Anexo al articulo principal:

Nueva Escala Meneame de Temperatura.


Temperatura Termodinámica

Termodinámicamente, la capacidad calórica de un cuerpo (C) se puede definir como:

Donde Q es el calor absorbido y T es la temperatura en grados Kelvin.

Esta ecuación diferencial se puede resolver considerando que la capacidad calórica depende linealmente de la temperatura:

Y el resultado es un polinomio de segundo grado:

Donde C(T0) es una constante que depende de la temperatura inicial T0 .

De las soluciones de este polinomio, la que tiene sentido físico (recordar que la escala Kelvin está definida para temperaturas reales positivas) es la temperatura final del cuerpo después de absorber una cantidad de calor Q:

El signo ± que se escoja dependerá de los valores de a y b, de modo que T sea siempre mayor que cero.

Sobre la ley de enfriamiento de los cuerpos:

Esta ley enunciada por Isaac Newton, afirma que la cantidad de calor que irradia o absorbe un cuerpo (dQ) en un intervalo de tiempo (dt) es proporcional a la diferencia entre la temperatura ambiente (Tamb) y su propia temperatura (T):

Esta ley permite calcular la cantidad de calor que se pierde por enfriamiento, conociendo el parámetro de proporcionalidad.

viernes, 25 de mayo de 2007

Sobre el Efecto Bumerang en Meneame. Una visión desde la Psicología Esoterica

Meneame” es sin dudas uno de los sitios mas visitados de la Web hispana. Cuando lo descubres te haces adito a la sensación de libertad que produce el poder de decisión. Sin embargo, pocas de todas las veces que “meneas” o criticas una noticia, te detienes a pensar en el efecto que produce el voto en tu pripio estado de ánimo.
Quitando los “meneos” casuales (hechos por usuarios que no han leído la noticia pero buscan mejorar su “karma”), los votos favorables son evidencia directa de la simpatía del público respecto a un tema. No en vano los temas más populares gravitan sobre argumentos políticos o sociales que tienen una gran repercución en España.
Pero, ahogada por la estadística masiva que genera gran estruendo, se puede escuchar la voz diminuta de cada individuo que quiere simplemente ser tomado en cuenta.
Cuando vemos un fenómeno como “Meneame”, nos percatamos de lo pobres que son nuestros conceptos sobre el “Yo” y el “Otro”. Los votos del “Yo” en favor del “Otro” nos hacen renunciar por un instante a esta distinción. No somos “Yo” y el “Otro” los que estamos de acuerdo, somos simplemente “Nosotros”. Esta es la fuente del placer de “menear” una noticia. El sentir en lo mas profundo de nuestra mente subconsciente que no estamos solos. El cese por un diminuto segundo de la lucha continua y desgarradora entre el “Yo” y el resto del Mundo.
Y nótese que con este “cese al fuego” no ocurre con ningun cambio importante en el Mundo. Es nuestra percepción la que cambia. Somos “Nosotros” los que, de repente, entramos en acuerdo con el “Otro” y simbolicamente con el Mundo.
Por otro lado, cuando criticamos una noticia, asumimos una portura defensiva y acusadora. “Esta mal y lo malo se castiga!”. Ciertamente pudieramos decir que los votos negativos son la manifestacion inconsciente de la represion social. Y no debe asustarnos el termino, pues la represión no es del todo mala.
Es precisamente la Represion, en su forma arquetipica más elevada la que permite la cohesión de todas las partes que conforman nuestro ser. Y es tambien esta forma de represión la que hace que funcione “Meneame” como un gran decantador de noticias.
Pero no podemos perder de vista que, si bien nuestro voto positivo o negativo es uno entre miles, para nosotros mismos es nuestro unico voto. Es precisamente el que mas cuenta.
Cada vez que meneamos una noticia que nos simpatiza, dejamos fluir nuestras frustraciones hacia el mar de ideas y sentimientos que conforman la consciencia colectiva. En este mar, todos los pesares se diluyen y queda la ligereza instantanea que se experimenta cuando dejamos de jugar nuestro role preconsevido.
En cambio, cuando votamos mal una noticia, reforzamos nuestro peor enemigo: la frustración. Somos heraldos del flagelo que nos atormenta. Somos esbirros de quien nos esclaviza.
Cabe entonces la pregunta: ¿Podría funcionar “Meneame” sin votos negativos? La respuesta es SI.
Si en vez de votar negativamente por las noticias que nos desagradan, “meneamos” las buenas, el proceso de seleccion y decantación seguiría su curso. Las noticias malas, falsas o poco simpaticas no podrian competir con la avalancha de “meneos” de las buenas noticias. En otras palabras, con o sin votos negativos, “Meneame” funcionaría igual. La diferencia esta en el efecto que nuestro voto tiene en nosotros mismos.
Los “meneos” nos liberan, nos hacen sentir cómodos, nos ayudan a ser por un instantes mejores. Las criticas nos obligan a jugar el feo papel del Juez, y nos recuerdan que como mismo estamos juzgando, podremos ser juzgados.

Personalmente me hace mucho bien encontrar noticias muy “meneadas” que me parecen buenas y noto que se despierta en mi una "cosa fea" cada vez que estoy tentado a votar mal por alguna.
Mi recomendacion es esta: Observate cada vez que votes. Siente la diferencia. Tal vez coincidas conmigo. Sino, siempre tienes la oportunidad de seguir de largo para “menear” otra noticia que valga la pena, o emplear tiempo en votar mal por esta.

jueves, 24 de mayo de 2007

Breve tratado sobre los depredadores invisibles.

Se recomienda leer la Noticia Preliminar y el Capítulo Primero

Capítulo Segundo
Sobre los muchos rostros y las varias estrategias de asechanza de
los depredadores invisibles.

Conviene, cumplido el Capítulo anterior, tratar con menos metáfora el tema en cuestión. De cierto las impresiones etéreas que sentimos sobre la nuca o en el espinazo, pueden resultar del roce intangible con depredadores invisibles, mas de estos asuntos existen vastos escritos que no siempre arrojan luz, ni sombra. Este tratado no pretende ser un glosario, ni tampoco procura ser una recopilación anecdótica.
Limitémonos a pasar por alto los eventos terroríficos que dan vida a las conversaciones de vigilia, pues los seres que causan tales efectos, cuando llegasen a ser reales, no son tan invisibles como para escapar a nuestra atención. Los verdaderos e invisibles depredadores no precisan asustarnos para cumplir su cometido, pues encuentran su mayor éxito en la ignorancia total del hombre.
Pudiera decirse que sólo los depredadores torpes escandalizan su presencia con fenómenos de circo, que ponen sobre aviso a sus presas. Y esta alerta limita su condición al mínimo, siendo causa de su propia desgracia o de su ayuno involuntario.
Un hombre a la defensiva procura conocer la naturaleza de la amenaza que se cierne sobre él y no descansa hasta encontrar defensa contra ella. De esta suerte se incuban exorcismos, amuletos, bendiciones, unciones y ritos de toda clase que protegen contra el ataque o la asechanza de los seres que no podemos ver. Del mismo costal nacen pactos, sortilegios, evocaciones, invocaciones, oráculos y sacerdocios varios que juzgan propio el don de lidiar con las fuerzas invisibles. Todos nacidos de la concepción antropocéntrica de la supervivencia individual, que busca no sólo la integridad física, sino la prevalecencia del ser en su totalidad.
El hombre es del tipo de presa fastidiosa que huye con desenfreno cuando se siente débil, mas cuando se ve fortalecida, da caza y muerte a quien le amenaza. Por tal razón, los depredadores escandalosos terminan por ser presa o fenecen por falta de alimento. No tienen cabida entre los hombres.
En cambio, aquellos que no se hacen notar, se alimentan silenciosa y plenamente. Y por ser más prósperos, abundan y se multiplican a su modo. Son estos la verdadera amenaza para el Hombre.
De tanto habitar entre hombres, estos seres adoptan costumbres humanas y las sincretizan con sus propios hábitos, formando fibras amalgamadas que se entretejen en los siglos de Cultura e Historia de la Humanidad.
Si la semilla de la Cultura surgió primero en el Mundo Invisible o en el nuestro es una pregunta fuera de discusión, no por que la respuesta sea clara, sino precisamente por lo contrario. Cierto es que, llegada a nuestros días, la cuerda de la Historia es gruesa y muy densa, atestiguando el empeño continuado por sobrevivir de muchos hombres y de muchos depredadores invisibles, y de los engendros que ambos han incubado.
De tal naturaleza son las instituciones que aprisionan la Voluntad del Hombre desde su nacimiento.

Sobre la Familia.

La vida en familia es manantial de ímpetu y de frustración. Tanto nos da fuerza y determinación para cumplir con su propósito reproductivo, como nos disuade de satisfacer nuestros deseos individuales, atándonos a una realidad de pareja, de multitud. Es a un tiempo bella y terrible, imprescindible e indeseable, luminosa y sórdida, dulcemente familiar y tristemente ajena.
Allí donde el calor humano es tan cercano y concentrado, los depredadores invisibles encuentran guarida. Se prenden y chupan nuestra existencia con molestias propias del convivir, distrayendo nuestra atención, como hacen los grandes carnívoros con sus presas. Nos espantan en el momento y la dirección justos para conducirnos a su emboscada.
Al enfrentarnos antagónicamente con otros hombres, nos lanzamos en una estampida equivoca que nos conduce directamente a nuestra perdición. La continuada huída hacia el exterior con el propósito de luchar contra o por el Mundo nos hace más vulnerables y concede a los depredadores invisibles la ocasión perfecta para saciar su apetito. De la primera mordida sentimos ya la molestia que nos lanza a la lucha, y con la estampida dejamos expuestos los más sutiles miembros del Alma que son devorados con total impunidad.
Los conflictos de familia resultan absurdos. Se necesita menos de un pretexto para iniciar una disputa con las personas más cercanas y en cambio, esta pequeña inversión inicial produce una explosión de emociones y de acciones amplificadas que no se extinguen hasta consumir todos los recursos mentales y sentimentales de los involucrados. Cuando esto sucede, podemos asegurar que hemos sido presa de los depredadores invisibles. Nos han despedazado mientras nosotros intentábamos neutralizar al enemigo equivocado. Caímos en su emboscada de una manera ingenua. Fuimos víctimas de predación y de engaño.
Mas, antes de aceptar amablemente el consentimiento de los moralistas, que a primera ojeada perciben en estas palabras la defensa de la no-violencia, es deber aclarar un punto. Ciertamente somos despedazados cuando litigamos con otros, pero, acaso ¿no forma esta depredación continua y dolorosa parte del maravilloso equilibrio que nos lanza al Progreso?
La proyección hacia el exterior de la violencia no es otra cosa que el andar inseguro de un recién nacido, sin el cual este nunca llegaría a correr ligero.
Ciertamente es tierno observar los movimientos desatinados de un ser que apenas ha nacido y que no reconoce señal alguna de la Inmensidad que le rodea. Curiosamente, si los mismos movimientos fueran vistos en un adulto, producirían en el observador una impresión diversa. Pues, a tono de prejuicio, el recién nacido es inocente y el adulto es culpable de su condición.
Mas, la cuestión de la adultez del alma no es clara. ¿Cómo medir la edad del Alma de un hombre? ¿Cómo saber donde termina el tierno aprendizaje y donde comienza la maliciosa intencionalidad? Estas preguntas sin sentido invitan a reflexión sobre el tema de la Violencia y de la No-Violencia.
No hubiera sido posible comprender el principio de Indañabilidad sin sufrir en carne propia los más disímiles modos de Violencia Divina con que Dios equilibra el Universo. Y entre estos, la violencia familiar es uno de los más abundantes y necesarios entre los hombres. Por ello, antes de declinar la balanza en contra de la Violencia, debemos considerar el imprescindible role que ha jugado en el desarrollo del Hombre. Este argumento, puede levantar ronchas dicho de modo tan abierto, pero es uno de los conocimientos más preciados que la convivencia consentida con los depredadores invisibles puede dar. No se trata de Violencia o No-Violencia, se trata de Evolución. Sin dudas, la relación de los depredadores con sus presas es violenta, pero esta violencia es motor de Progreso, pues a fuerza de huir de la agresión, las presas se vuelven más aptas para sobrevivir.
De este modo, volviendo al argumento de la Vida familiar, la relación violenta entre las generaciones impulsa la Evolución hacia formas de violencia más eficientes. Y entiéndase aquí que generalmente hay divorcio entre la impresión de crueldad y la eficiencia de la violencia.
Una forma de violencia que engendra una respuesta de rechazo inmediata y enérgica termina por perecer, pues toda la energía descargada por el agresor se convierte en respuesta en la victima y rebota amplificada por el dolor.
En cambio, la violencia sutil y silenciosa, que pierde sus huellas en la marisma de impresiones contrapuestas, se acumula y se reproduce por su cuenta bajo del pellejo de quien la sufre. Y entre tanto, la carne de la victima se habitúa a este veneno y resiste mayores dosis sin dar respuesta. En tal caso, la Violencia deja de ser un sólido punzante y molesto, para volverse liviana y fluida come el aire. Ha llegado a un alto grado de Sublimación, siendo menos de este mundo y más del mundo invisible. Por ello los depredadores invisibles pueden sacar mayor provecho de ella.
Desde la infancia, un niño recibe gran presión de su familia, con el propósito de hacerlo mas apto para la vida. Y de este modo, el ambiente íntimo amplifica y sublima la violencia de la Sociedad.
La familia es como un lente con el cual toda la luz del Mundo se concentra en un punto diminuto. Dependiendo de su opacidad, este lente puede cegar de pavor a quien intenta mirar a través de él, o puede disfrazar temporalmente el dolor de lo real. Y es en esta inagotable gama de posibilidades donde los depredadores invisibles encuentran cabida. Logran especialización y destreza en ciertos menesteres, cultivando y cegando a los hombres como si fueran plantas de trigo, o haciéndolos pastar como ganado, o enjaulándolos como aves de cría. Para cada familia, para cada mundo íntimo, hay modos peculiares de cosecha o más bien, de consumo. Esta forma de predación organizada y hasta cierto punto consentida resulta muy eficiente. Es tal vez la forma de violencia más eficiente que conoce el género humano. Y al analizarla evolutivamente, vemos que mientras los hombres transitaban de una vida regida por la fuerza bruta a una sociedad estratificada y compleja, los depredadores invisibles pasaban de ser cazadores a ser ganaderos.
Las relaciones de familia dan el marco perfecto para el desarrollo de la actividad de ganadería de los depredadores invisibles. Tienen el espacio íntimo por zona de pastoreo. Utilizan las emociones como suplemento nutricional para engordar la psiquis del hombre y se alimentan de forma regular y controlada de las formas de pensamiento que el sufrimiento mental ordeña del alma humana.
Y como una granja auto-sostenible, cuando el número y la variedad de pensamiento del ganado humano hacen inestable la producción, el sufrimiento acumulado por años induce un cisma, para dar origen a una nueva familia, a una nueva granja. De este modo, los depredadores garantizan que su propia descendencia tenga asegurado el sustento, sin comprometer la supervivencia.
Este proceso cotidiano se proyecta como una sombra chinesca desde el universo intimo, escondido bajo el calor filial del Imum Coeli, hacia la notoriedad social del Cenit. Por ello las instituciones sociales manifiestan la misma tendencia auto-conservativa de la familia, delatando la presencia de los depredadores invisibles.
Sobre la Sociedad.

Las instituciones por si solas son cascarones huecos e inertes donde los hombres depositan su confianza y su energía, a modo de una banca, de la cual pueden obtener un préstamo cuando su fatiga les lleva a la quiebra. Los depredadores invisibles actúan como banqueros, cobrando los intereses y condicionando los préstamos.
De nuevo aquí queda planteada la interrogante que nos acompaña siempre que hablamos de los depredadores y de sus presas: ¿Aprovechan los depredadores la tendencia gregaria del ser humano para alimentarse a través de las instituciones, o promueven activamente las agrupaciones de hombres para facilitar su labor de ganadería? ¿Dónde surgieron las instituciones sociales, en la necesidad de los hombres o en la de sus depredadores invisibles? Esta cuestión queda todavía sin respuesta.
Es inútil separar en discurso al ser humano de los depredadores invisibles. Desde sus orígenes, el hombre ha estado acompañado de sus depredadores, o tal vez sea justo decir, que los depredadores invisibles y los hombres se han acompañado mutuamente en el camino de la Evolución. Por ello, sea de uno o de otro la necesidad, se hace necesidad de ambos. Sea uno u otro el origen de la Sociedad, se hace indistinguible y, lo que es más importante, irrelevante.
La relación entre las instituciones y sus miembros, más que una auténtica predación, resulta una simbiosis entre los depredadores invisibles que administran el depósito energético colectivo y los seres humanos que comulgan individualmente. Sin la cohesión y la protección de sus pastores invisibles, el ganado humano estaría expuesto a la predación indiscriminada y tal vez insostenible de los depredadores solitarios, que no tienen reparos ni escrúpulos al saciar su apetito. Esta es la creencia tácita de muchos hombres, y al parecer, de muchos depredadores invisibles.
No se puede ignorar, sin embargo, que otros hombres han jugado al contrario, rebelándose contra las convenciones. Pero sobran los ejemplos del fin terrible que espera a los que abandonan el sendero trillado, y esta leyenda de terror sirve de aglutinante social, envolviendo la existencia de los hombres en una gelatina cómoda y viscosa que llamamos sentimiento de pertenencia. Este medio denso permite a los depredadores controlar con poco esfuerzo su ganado.
La viscosidad excesiva de la sociedad vuelve a los hombres lentos y condicionados, dando a los depredadores invisibles sosiego y comodidad. Mientras más comprometido un ser humano, más controlable. Mientras más invierte de su energía en favor de una institución, menos esfuerzo reclama de los depredadores y más favores recibe. Este es el incentivo invisible de las instituciones sociales y es en gran medida la garantía de su éxito.
Claramente los hombres enllentecidos desde su nacimiento perciben natural su necesidad de agruparse, pues ignoran otra condición. La soledad exterior es tortura para muchos, y el silencio interior es irresistible. Aun cuando el espacio visible esta vacío a la vista, el mundo interior se llena de seres que se proyectan como sombras desde y hacia las regiones invisibles. Estas formas mentales, sean percepciones directas o recreaciones de la psique, tienen un aroma intenso en el mundo invisible que atrae y fascina a los depredadores. Por ello, la compañía del hombre es siempre numerosa, sobre todo en la soledad.

Sobre la Religión

En nuestros días es general la creencia de que el sentimiento religioso surgió en la veneración de las fuerzas de la Naturaleza. Siempre desde nuestra perspectiva egocéntrica, nos proyectamos mentalmente en nuestros ancestros y temblamos de temor con sólo imaginar el peligro de la vida precaria. Y nos maravillamos al ver “ingenuamente” el poder del “Rayo” o del “Océano”. Pero en este viaje, olvidamos dejar atrás nuestras creencias modernas, que empañan con manchas anacrónicas el lente de nuestra comprensión.
El establecimiento del universo cosmogónico del hombre es contemporáneo al surgimiento de la Humanidad misma, y por ello, resulta inútil estratificar la amalgama semiconsciente de fuerzas que dieron forma a la Primera Civilización. No puede asegurarse que el temor ingenuo antecedió a la veneración, pues coexistieron demasiado para ser separables. Con tal incapacidad, y por no perder el propósito de este Tratado, resulta más conveniente explorar el lado invisible de la religiosidad humana.
Cierto es que el Génesis del Hombre está plagado de sombras inequívocas que delatan la presencia activa de los depredadores invisibles.
Desde el Comienzo, la percepción mágica del Mundo adorna con cualidades humanoides a los Elementos y a todas sus Manifestaciones, reflejando primero el rudimento y luego la plenitud del Egocentrismo que sirve de esqueleto al Cuerpo Arquetípico del Hombre. Esta proyección es recíproca, pues las imágenes mentales proyectadas son enriquecidas en el Espacio Invisible, y regresan para nutrir la actividad humana. Y son precisamente los depredadores invisibles artífices y cómplices de esta retroalimentación. Un ejemplo nítido de reciprocidad es el Fetichismo Religioso.
El Tótem es la representación de un poder que por su influencia en la vida de la comunidad es digno de veneración. Detrás de esta realidad, el Fetiche sirve de anclaje a huestes de depredadores invisibles que toman por referencia su reflejo en el espacio arquetípico. Del mismo modo que los carnívoros migran en las praderas con las lluvias siguiendo a sus presas, los depredadores invisibles migran con los aguaceros de fervor de los adoradores buscando alimento. Y al ganar especialización, se identifican con el Arquetipo del Tótem y lo enriquecen con manifestaciones obvias.
Logran incluso, cuando su habilidad y empeño lo propician, interacción directa con los hombres, dando origen a formas de estratificación social. Sacerdotes, magos, videntes, chamanes, mediums, profetas, oráculos y tantos otros nombres reciben los portadores del Don, que vale decir, no es privilegio ni designio humano. En muchas culturas, estos “elegidos” gozan por su condición, razón para que algunos finjan serlo. Ciertamente, sean farsantes o no, todos contribuyen a saciar el apetito de los depredadores invisibles.
En ciertos casos, la fortaleza de los depredadores es tal, y la aprensión de los hombres es tan ferviente que las huestes invisibles se permiten manifestaciones materiales que demandan gran cantidad de Energía, pero que sin duda producen un gran impacto, aumentando el número y la intensidad de los adoradores del Tótem. Tal es el balance que deben respetar los depredadores invisibles, para acrecentar el poder de su Fetiche.
Y de esta suerte el Tótem resulta un sumidero de hombres, un esófago invisible que traga la mente colectiva y permite a los depredadores saciar su apetito de un modo fácil.
Cuando este proceso de engullición prosigue con la total pasividad de los hombres, recuerda la marcha del ganado hacia el matadero. En cambio, cuando las víctimas se hacen devorar consciente y gozosamente, evoca la imagen de la toxicomanía. No importa cuanto nos dañe o nos beneficie, si lo ignoramos o lo gozamos a sabiendas, repetiremos el ciclo continuamente, mientras queden fuerzas.
De esta realidad sacan provecho los depredadores, propiciando su anonimato o procurando el consentimiento de los hombres a través de experiencias de euforia ligadas al Fetiche.
Muchas de las actividades que tomamos por vicios o por virtudes son fomentadas igualmente por los depredadores invisibles, con el simple propósito de alimentarse de la inmensa cantidad de formas psíquicas que produce un ser humano en éxtasis. Mucho de la santidad y del pecado de nuestro mundo tiene origen común, y es nuestra visión parcial y condicionada la que establece la distinción entre lo uno y lo otro.

Sobre la Educación


El alma del Hombre colapsó hace tiempo por la continua presión que sobre ella ejercían las fuerzas visibles e invisibles y de esta maceración se liberó un elixir que hoy llamamos Sociedad. Y de la combustión de
la Sociedad surgieron muchas otras sustancias que forman la diversidad de la Cultura y la Espiritualidad Humanas.

Este proceso alquímico de maceración y combustión se repite cotidianamente, en cada existencia individual, a través del proceso de aprendizaje y adaptación que comienza en la familia y no termina hasta la tumba.

La expresión más clara de esta transformación psicológica se alcanza en las instituciones educacionales, bien llamadas escuelas. Sería interesante notar un posible origen etimológico de la palabra “escuela”.

En lengua itálica moderna (y probablemente en latín antiguo) la raíz “scola” es utilizada para hacer referencia a los términos escolares: “scolastico”, “scolare”, “scuola”. Al mismo tiempo, esta palabra se usa en Italia para denotar los objetos que retienen los sólidos y permiten drenar los líquidos, como es el caso del “scola pasta” (especie de colador usado para escurrir el más popular de los alimentos italianos después de la cocción). Esta ingenua coincidencia arroja mucha luz sobre la naturaleza de las instituciones de enseñanza.


En las escuelas, los aprendices son sometidos a un proceso de drenaje selectivo, que retiene algunos materiales psíquicos y desecha otros. Poco agrega el proceso de enseñanza a las sustancias que estaban latentes o explícitas en los pupilos. Más bien, elimina aquellas que por su cantidad o por su inconveniencia opacan al resto.


La enseñanza y el aprendizaje están marcados por la negación de ciertos comportamientos e ideas, que produce la afirmación tácita de sus contrarios. Ambos crean el ciclo interminable de la tradición, pues todo lo aprendido será enseñado para ser aprendido nuevamente.

Este drenaje que llamamos Educación, suele ser doloroso, pues desgarra las ligaduras sutiles que atan la psiquis humana. Junto con el “líquido” drenado se escurre mucho de lo bueno y de lo malo del hombre. Y todo el material que para la sociedad es desecho mental, sirve copiosamente de alimento a los depredadores invisibles.

No es casual entonces que los depredadores tomen tanto interés en las instituciones educacionales y como reflejo, que la sociedad las tenga por imprescindibles.

A la luz de estos argumentos, podemos repasar el Génesis de la Sociedad y redescubrir las huellas invisibles de los depredadores. Ciertamente, la maceración del Alma Humana dio origen al polvo que hoy llamamos Civilización, pero las manos del artífice y el mortero que sirvió al propósito llegaron del Mundo Invisible. Y también es cierto que la Combustión de la Sociedad liberó los gases de la Cultura, mas su chispa inicial fue el apetito de los depredadores y su carburante fue y sigue siendo el Progreso.

La educación, la instrucción y todas las formas de enseñanza son el eco del sonido primordial, que rebota de las paredes distantes de la Religión, la Cultura, la Filosofía, y se proyecta en el pensamiento condicionado y próximo. Son un puente entre las potencialidades de la mente concreta individual y los condicionamientos de la Conciencia Colectiva. Un puente que une dos parajes antagónicos e inseparables, permitiendo que las formas psíquicas viajen del Exterior a lo interno en forma de lenguaje, y que regresen luego, coloreadas con las tonalidades de la mente, para enriquecer el Pensamiento Abstracto.

De este intercambio, que bien recuerda al Comercio, los depredadores invisibles sacan provecho. Su actividad podría comparase con la de los cobradores de aranceles aduanales. Toda caravana de pensamiento debe pagar un tributo a los depredadores invisibles para atravesar el Abismo que separa a la individualidad, escondida en el Bajo Cielo, de la vida Colectiva del Cenit Social.

Fe, Expansión, y Filosofía tienen su morada en el Exterior, en la casa que antecede al Cenit. Al proyectarse desde lo alto sobre el individuo, sobre la morada que antecede al Bajo Cielo, se transfiguran en Dogma, en Desdoblamiento y en Lenguaje. Esta proyección distorsionada es precisamente un resultado de la Educación.

Cuando el Pensamiento Abstracto se traduce en Lenguaje, comienza para el individuo la diferenciación de los objetos, la comprensión de sus límites físicos, la pérdida de esa condición indiferenciada que llamamos inocencia. Cuando la Expansión se cristaliza en la mente concreta, se fragmenta en pequeñas porciones mentales, que son selectivamente “drenadas” durante el aprendizaje. Las que se retienen, pasan a formar parte de nuestra personalidad, las que se desechan, son tiradas a la Sombra, donde los depredadores invisibles celebran su banquete. Este Desdoblamiento del hombre en Luz y Sombra es doloroso y cruel. Sus secuelas, o más bien, sus consecuencias, son la raíz de gran parte de los sufrimientos del individuo y de la Sociedad.

Por último, cuando la Fe se trastoca en Dogma, el adoctrinamiento del hombre ha llegado a su clímax. No sólo ha sido privado de su originaria condición indiferenciada, no sólo ha sido desmembrado y devorado en vida, ahora es forzado a renunciar a su condición divina. El Amor se disfraza de Moral, el Deseo se tiñe de Culpa y la Libertad es pisoteada por la Obediencia. Con este sello invisible los depredadores cierran la puerta que comunica las necesidades instintivas con las aspiraciones individuales. Sin el apoyo de las primeras, estas últimas quedan a merced de la Doctrina, y entre tanto, la energía instintiva y disipada, priva de propósito en sí misma, es puesta en función de la Colectividad, en función del apetito de los depredadores invisibles.

Este es el propósito invisible de la Educación: establecer fronteras artificiales en la mente individual y colectiva del hombre, limpiar de toda aspiración inconveniente su corazón, y esconder la condición trascendental de su alma. Todo esto para convertir al ser humano en una bestia dócil y fácil de manejar, apta para el consumo y con una elevada productividad, el modelo ideal del “buen animal de cría”.


miércoles, 23 de mayo de 2007

Breve tratado sobre los depredadores invisibles.

Se recomienda leer la Noticia Preliminar

Capítulo primero
Sobre los depredadores invisibles y sus presas, o dicho de algún modo, sobre la ignorancia de los hombres.

Más de una vez hemos de sentir a nuestra espalda, o en la oscuridad próxima, la presencia de los depredadores invisibles. Ora como brisa intangible que eriza nuestros vellos, ora como sonido inaudible que estremece el alma. Aun sin verlos, percibimos su intención, que impresiona con inquietud incomprensible y nos lanza a negar su existencia en un acto de defensa legítimo e inútil.
La inquietud se apodera de nuestro ánimo toda vez que encarnamos el alma de la gacela, que pasta inquieta bajo la mirada paciente del felino. No puede verlo la gacela, no puede siquiera oler su aliento, pero siente el peso de sus ojos. Siente la mordida de su sed. Y eso le basta para mirar en derredor tímidamente, buscando ver lo que no quiere ver.
Tan riesgosa e inquieta es la existencia de los hombres, como el pastar de la gacela. Y tan esquivo es el mirar del hombr
e, que teme y por temor se ciega.
Castra su visión buscando en la ignorancia protección y en el desconocimiento refugio. Mas ni lo uno ni lo otro encuentra en su ceguera. Por el contrario, no está más desprotegido y expuesto que cuando atraviesa los Mundos del Reino a ciegas.
Como la gacela más lenta y desvalida es la primera en caer bajo las garras, así el hombre ignorante cae sin lucha alguna. Le devoran las entrañas sin dolor, pues su ignorancia es más profunda que sus nervios. Despedazan su Voluntad bebiendo el fluido de su Vida y no dejan de él sino carroña. Y entonces, cuando sólo quedan sobras de su condición humana, el hombre es dejado en su Ignorancia a merced de los carroñeros que se alimentan de su actividad, más que de su alma. Por ellos, el sufrir del hombre no cesa con el sometimiento q
ue sigue a la muerte de su Voluntad.
A este punto debe entenderse la diferen
cia entre el fluido sutil que da existencia al espíritu y su expresión externa y activa, que llamamos mente. El primero es manjar codiciado por los depredadores invisibles, y el segundo es tomado por carroña fétida. Ambos son inseparables, como inseparable es el depredador del carroñero.
Los depredadores invisibles prefieren por alimento las formas más sutiles del alma, mas, cuando a fuerza de competencia o de escasez les falta este sustento, carecen de escrúpulos y llegan a alimentarse de toda sustancia espiritual. De tal modo, la distinción entre depredadores y carroñeros es falaz. Todo carroñero depreda si encuentra ocasión, y todo predador se alimenta de carroña si la suerte le obliga a ello. Mas, cierto es que la preferencia nunca viene de manos con la facilidad y el deseo frustrado por manjares sutiles es tortura para los depredadores invisibles.
Mientras más sutil el pensamiento de un hombre, más tenaz su lucha por no ser presa y en esta carrera de supervivenc
ia está sellado el más profundo Secreto de la existencia humana. Los depredadores invisibles no son formas oportunistas que prosperan a costa del Hombre. Son una parte indispensable de su Evolución.
El proce
so continuo e implacable de selección que impulsa el desarrollo de la Raza Humana, encuentra en los depredadores a sus heraldos y en la Perfección a su Propósito. Siendo más fáciles de predar, las formas más torpes de pensamiento son devoradas primero y en mayor cantidad que las más sutiles. Este proceso lento y errático, muestra caprichosos retrocesos y estancamientos individuales, que disfrazan la general tendencia al progreso, como la inquietud de una gacela disimula el hecho probable de que sus hijos y los hijos de estos han de ser más veloces y más aptos para sobrevivir.
La entrañable relación entre depredador y presa es muestra fascinante de la Misericordia de Dios, que para cumplir sus designios de Libertad, creó la esclavitud al gozo y al sufrimiento y todas las leyes que rigen el Dar y el Recibir, el Vicio y la Abstinencia, la Luz y la Sombra.
La presa da alimento a su predador y el predador da inquietud a su presa, lanzándose ambos en una marcha desenfrenada por llegar más lejos. En esta rueda incontenible, el progreso de la presa
devuelve la inquietud al predador, forzándolo también al progreso. Y he aquí el segundo Secreto. No sólo los depredadores invisibles empujan la evolución del Hombre. También el Hombre mueve el progreso del predador. Ambos se complementan y apoyan. La lucha y la destrucción se descubren apariencia y aflora límpido el principio inmutable de Unidad y Armonía que es la base de toda existencia. Difíciles son de comprender estos asuntos, siendo nosotros mismos jueces y partes. Se nos antoja cruel la depredación pues nos envicia el estancamiento y rehusamos el dolor del cambio.
Tal como la gacela rehúsa ser presa, ignorante de que su diminuta existencia es un eslabón de la cadena inter
minable, los hombres luchan por sobrevivir y aún los más despiertos, luchan contra sus depredadores invisibles, mostrando su más frágil condición egoísta. De otro modo no habría de ser, pues el Misterio de la Evolución no encuentra impulso sino en la lucha por la Vida. Y en ella el egoísmo no es imperfección sino medio de supervivencia.
A pesar de la claridad de este argumento, no es sorprendente que la moral religiosa achaque al Egoísmo todos males de los hombres, pues tanto la Religión como la Ley están al servicio de los más terribles depredadores invisibles que ha conocido la Humanidad. Mas, el desarrollo de este argumento ha de ser tema de otro Capítulo de este Tratado.

Se recomienda leer el Capítulo Segundo

domingo, 20 de mayo de 2007

Breve tratado sobre los depredadores invisibles.


Noticia preliminar:

En gracia de la convicción que la observación meticulosa de las realidades intangibles pone en mis ojos, en mis oídos y en mis dedos, escribo este impropio e inacabado esbozo de fe, que de otro modo, sin lo primero, o sin lo último, no habría de ser.

Llamados invisibles aquí, aunque algunos se dejasen ver, estos seres que ocupan nuestro interés pertenecen al género de espectros que si bien pueden ser hijos del temor de la mente o del sueño de la razón, cobran vida propia para atormentar precisamente a los hombres más temerosos e irracionales. Tratando asunto tan espinoso y esquivo, este escrito parecerá una sarta de fantasías al incrédulo o un glosario de rarezas al lector ávido de misterios. Mas, de cierto, no hallarán en estas líneas más de lo que se filtre por el doble tamiz de mi incapacidad y de sus prejuicios.

Con tal adversidad, a Dios gracias si algún provecho puede sacarse de lo que aquí se diga.

Se recomienda leer el Capítulo Primero


Sobre el origen y la evolución de la Vida en el Planeta Tierra

En el principio era una masa incandescente de polvo cósmico y de gases que gravitaba en torno al Sol. Las continuas y colosales erupciones liberaban de la superficie burbujas de materia agitada y oscura, ahogando el sordo resplandor con una espesa atmósfera de polvo. La lucha continua y violenta de las entrañas por abrirse paso hacia el Vacío, liberó el calor que causaba su agitación, y el Planeta Tierra vivió con total entusiasmo su primer diluvio, copioso, interminable, pero incapaz de inundar los ríos de fuego. Varios miles de diluvios fueron necesarios para que el fuego cediera espacio al lecho del Mar Primordial, hirviente y turbio.

Los Ojos del Sol, que en nuestros días todo lo ven, no podían atravesar con sus rayos la espesa niebla de entonces. No había otra Luz que la nacida de las profundidades.

La energía del Abismo, aplacada por la fecundidad del Mar, combinó ciertos elementos en amalgamas diminutas, que por fuerza y edad, se juntaron en nuevas amalgamas, más diversas y más juntas. Con tal lentitud nacían las nuevas alianzas de los elementos, y con tal rapidez eran deshechas por el devorador empeño de su Padre, que sólo aquellas que lograron multiplicarse por sí mismas, escaparon de la muerte, transmutando la informe energía que les dio origen en medios para sobrevivir y hacer sobrevivir a sus propias emanaciones. Así, el calor sombrío y renegado de las profundidades, reveló al Planeta Tierra el más preciado de sus arcanos: la Vida.

Las Tres Aguas del Mundo dieron su chispa seminal, su vientre y sus pechos a los nacientes hijos del Abismo que habrían de multiplicarse y poblar todo el Océano Visible e Invisible. El agua cálida, turbia y plutoniana de lo Profundo les dio el hálito. Su hermana, el agua vasta y oceánica de Neptuno les dio su seno por cobija. Y por último, el agua dócil y fértil, que mueve las mareas líquidas y etéreas, les amamantó con el Limo Lunar, néctar de vida y misterio de fecundidad.

La Triada de Fuego dio continuidad a la obra del Triángulo de Agua, y surgió así el rudimento marcial de animalidad, que impulsaba a los seres para luchar por su existencia. Este precario Instinto Vital, disoluto y ciego, aprehendió pronto el sentido del Progreso, a fuerza de la implacable y benevolente Selección que perpetuó los mejores intentos.

Entre tanto, las bocanadas de humo y cenizas de la superficie fueron suavizadas por el agua y el frío del Vacío. La Atmósfera primitiva se hizo menos densa y los destellos de Luz Solar se filtraron como relámpagos entre las nubes. El prodigio de la Vida escapó del Abismo buscando la Luz. Y el Sol, que vio por vez primera aquellas extrañas criaturas, las adoptó como suyas de un modo tan intenso que incluso el recuerdo de su origen fue privado de toda evidencia.

El sentido de individualidad más primitivo, la necesidad de preservación, motivó la expulsión de los primigenios Hijos del Paraíso Infernal donde habían sido creados. Comenzó para el Planeta Tierra, con este acto plagado de ingenuidad, el lento y perenne éxodo de las Sombras desde lo Profundo hacia la Superficie, el Ciclo interminable de Caída y Redención.

Pronto la prosperidad crió el oportunismo y junto a los Hijos adoptivos del Sol, crecieron los primeros depredadores, diminutas formas de Vida capaces de nutrirse de sus congéneres. Esta intensa lucha por comer y no ser comido, dio un nuevo impulso a la Evolución. La Complejidad ganó terreno y abrió las puertas a la Diversidad. El vasto Océano se plagó de una variedad insospechada e incomprensible.

En las fronteras del Reino de Poseidón, el fuego del Hades fluía aún, librando su última gran batalla y dejando a su paso montones de cadáveres de roca sólida. Derrota, tras derrota, la Fuerza plutoniana que dio origen a la Vida, fue replegada hacia el Abismo, cubierta de un cascarón sólido por cuyas grietas, cada vez más pequeñas, escapaba su furia impotente y vencida.

La explosividad latente de los Infiernos, hundida en lo más profundo de la Mente del Planeta Tierra, no aceptaría nunca su nueva condición y se revelaría una y otra vez, ora con estremecimientos espantosos, ora con Invisibles Alientos de muerte y maledicencia hacia los Hijos que renegaron de su Padre Original. No podría esperarse entonces de los Hijos más que el Temor. Y de su Padre Adoptivo y Señor de la Luz, la condena tácita de toda reminiscencia del Padre Renegado y de su Sombras. Cielo e Infierno fueron separados en igualdad de condición por una corteza maciza y por un velo sutil. El Planeta Tierra sintió por primera vez la diferencia entre Bien y Mal, o más bien, la inventó para favorecer a los Hijos del Sol. Huir al Dolor y procurar el Placer se convirtió en el método de la Vida. Curioso es que la naturaleza ilusoria de esta diferencia fuera enterrada junto con las Sombras, haciendo del Nuevo Paraíso una prisión inconsciente.

El Tiempo no se detuvo, y con Él, las enormes mareas lunares arrojaron mantos de agua sobre el suelo árido, que aun conservaba el olor del Azufre. Tal vez acudiendo al llamado silencioso de ese olor, o quizá huyendo de la furiosa lucha por la supervivencia, la Vida incursionó en tierra firme, tímida y resueltamente. Pero sus flácidas formas no eran aptas para soportar el propio peso. Sólo las criaturas astutas que procuraron sostener sus entrañas con pilares firmes y protegerlas con cortezas sólidas, sobrevivieron la sequedad que dejaban tras de sí las lunaciones.

Los nuevos dueños del suelo fueron acogidos por el Triángulo de las Tierras. La primera de las Tierras y la más antigua de tres, les dio forma corpórea, dotándoles de la capacidad de erguirse hacia el Cielo. La segunda Tierra, plena de movimiento, les dio la capacidad de mudarse, y el don de mudar a sus hijos y a sus esporas con el Viento. Y este Viento espació la Vida por la Superficie, estableciendo el dominio de los Hijos del Sol y de su descendencia, y de todas sus emanaciones sobre el Planeta Tierra.

El Reino Viviente recibió las bendiciones de la tercera Tierra, quien reunió bajo sus pies los Instintos Vitales de cada criatura en un Sentimiento de Compasión Planetario, femenino, seductor y fuerte como el Toro. Se multiplicó desde la espiga herbácea y frágil hasta las manadas de troncos firmes, cuyas ramas y hojas no desperdiciaban ni una chispa de Sol. El Árbol de la Vida engrandeció sus ramas y floreció a plenitud en contentamiento y gozo. Toda comodidad fue completa.

En el trasfondo de este Escenario, se movieron siempre las fuerzas casi intangibles del cuarto Triángulo, el Triángulo de Aire. Aun desde los tiempos en que la Vida no conocía otro hogar que el Abismo, ni otro alimento que el fuego plutoniano de los Infiernos, algunos seres recibieron el don excepcional de transmutar el calor de sus cuerpos y la naturaleza de sus elementos en Luz. Esta, sin dudas, fue la primera Reivindicación de las Sombras, generosamente obsequiada por el más antiguo de los Aires con su inesperada antelación, pues para entonces, antes de la Ascensión de la Vida a la Superficie, no existían ni Renegados, ni Redención.

También la electricidad vital que agitaba las más diversas formas de Vida, y la capacidad de irritarse y de responder al Mundo, fueron regalos del mismo Aire incontenible, que cual Prometeo, entregó estos Arcanos a los mortales. Su hermano, el segundo Aire, Arconte de Justicia que en la Era de las Sombras compartiera Domicilio con el Príncipe del Abismo, estableció el Equilibrio en las Seis Direcciones del Espacio, en el Antes y el Después, y en el Dentro y el Fuera. Aprehendida esta capacidad de resistirse al cambio, los Hijos de Plutón huyeron de su Padre hacia el Sol, llevando vivo por el vasto Océano su pequeño fuego interior.

El tercero de los Aires, reservó para el Reino un don inigualable, la capacidad de adaptación, propia del metal líquido. Siendo la naturaleza de este Mundo el Cambio continuo, adaptarse fue la primera necesidad de toda existencia. Así, el Triángulo de Aire, selló con el éxito la empresa de la Vida, llevando por los Cielos y por los Infiernos el mensaje de su Triunfo.
Desde el Origen y hasta el Fin, los cuatro Triángulos conspiraron continua y auspiciosamente en favor de los Vivos y de los Muertos. El Cielo y el Abismo, que son el mismo y a la vez son Dos, enfrentaron sus Ejércitos de Arcontes en un acto de sacrificio supremo, para dar al Sostenedor de los Mundos los materiales sutiles y gruesos de su Reino. Sabido este acto de Compasión sin límites, puede imaginarse la Inmensidad del Amor que estableció los roles en el Drama Cósmico, del cual, la Vida en el Planeta Tierra es sólo un minúsculo episodio.

Terminado de transcribir en La Habana el Sábado 2 de Diciembre del año 2006 a las 22:30 horas.

Yudhiistira & Anubis V

Sobre la Salvación del Hombre.

El día que el Hombre descubrió su sombra, fue un día común e insignificante. Pudiera decirse que tal descubrimiento no ocurrió aquel día, pues la Verdad sobre el asunto escapó a su inexperta curiosidad. Pudiera decirse, en vez, que el Hombre supo que existía una forma oscura que le seguía por doquier, imitando silenciosamente sus ademanes. Y nada más.

Con los ciclos claroscuros del Sol y de la Luna, aprendió luego que la sombra del Mundo ahogaba su sombra y que la luz del Mundo la robustecía. Aprendió que al Ocaso y al Alba su sombra se extendía hacia la oscuridad como intentando asirse, temerosa de ser castrada por los rayos de luz, y que cuando el Sol estaba más alto, se escondía toda bajo sus pies, tímida y frágil. Aprendió que el abrazo de los cuerpos era también el de las sombras y que el roce de las sombras no producía fricción alguna. Sospechó así que, a pesar de sus fieles ademanes, algo traicionero había en ella. Algo que la hacia ajena e inquietante. Más de una vez intentó increparla con el propósito de conocer su intención, mas la sombra huía lo suficiente de sus manos para llegar un poco adelante. Alguna vez logró tirarla por tierra y mantenerla presa, e incluso entonces la esquiva criatura se resistió a revelar el misterio de su naturaleza. Viendo lo inútil de su empeño, la amenazó, procurando que se alejase espantada, como una bestia salvaje, y su frustración fue grande al ver que su sombra le seguía irremediablemente. A este punto, decidió ignorarla, pues si bien era fastidiosa, también resultaba tímida e inofensiva.

Viviendo entre otros hombres y entre otras sombras, el Hombre y su sombra comulgaron con sus semejantes para sembrar los rudimentos de la Sociedad. Esta institución creció como una mala yerba en el corazón y en la actividad de todos. Sus raíces se enredaron cual ropas en los cuerpos y cual parásitos en los deseos. Estrangularon la Mente y la partieron en trozos informes, que al ser hechos del material de los sueños, tomaron vida propia y lucharon por sobrevivir. De esta suerte sacaron provecho Personalidad y Represión, dos inseparables compañeras. Personalidad tomó bajo su tutela al más vigoroso de los hijos de la Mente y le dio el dominio del Ser.

Represión, en cambio, tomó para sí al resto de los hijos y los oprimió con sus manos, enseñándoles el significado de la Muerte. Algunos de los infortunados huyeron buscando refugio donde los ojos de su verdugo no pudieran ver. Inesperada y oportunamente, la sombra del Hombre se convirtió en asilo de los hijos de la Mente que huían de la Represión. Esta ocasión dio a la sombra su mejor alimento, robusteciendo su lado invisible y amenazador, latente como la furia de un depredador en asecho.

Completada su obra, Represión no se conformó con segar la vida de sus ahijados, y urdió un complot contra Personalidad. Sembró por doquier semillas de una planta llamada Cultura, que en sus inicios fue inocua y dio a Personalidad y a sus pupilos alimento y abrigo. Todos se regocijaban al ver prosperar aquel prodigio y se preguntaban unos a otros el origen de sus semillas. Algunos decían que cayeron del Cielo, de donde Misericordia lanzaba lluvia y trueno. Otros pensaban que habían salido de las astillas del leño que el Primero de la Raza convirtió en lanza para cazar y defenderse. Muchos decían que en tiempos remotos e inciertos, la abundancia había criado entre las sobras de alimento un hongo llamado Religión y que este dio siete esporas esparcidas por el Mundo y que de ellas nacieron siete plantas de Cultura que a su vez se reprodujeron y dieron abrigo a muchos hombres. Cierto es que ninguno sospechó el origen y el fin de aquella planta milagrosa y aparentemente inofensiva.

Cuando las ramas de la Cultura crecieron en árbol, criaron muchas espinas llamadas Moral, y enredaron a todos en su follaje. Los hombres perdieron la capacidad de moverse por sí mismos y llegaban solo donde las ramas pudieran llevarles. Personalidad, impotente, comprendió el descuido que había cometido y Represión tuvo control absoluto y potestad para estrangular a todo el que le viniera en antojo. Decían que a partir de entonces, Personalidad se hizo débil y estuvo a merced de la espinosa Cultura y de su creadora Represión.

El cuerpo del Hombre quedó herido en cada intento desesperado por zafarse del yugo de espinas y esto debilitó su vigor y melló su voluntad. En cambio, su sombra, ajena a toda presión y a todo roce, quedó intacta, y con ella, los hijos de la Mente que habían escapado una vez, volvieron a escapar de esta tortura.

En las entrañas de la sombra, los renegados comenzaron a inquietarse y viendo su total impotencia, se revelaron contra Represión, produciendo terribles estremecimientos de dolor en el Hombre, al confrontar sus más oscuros deseos con el sarcófago de espinas que la Moral y la Cultura habían cerrado a su alrededor. Embotados por el dolor, los hombres aprendieron con sangre el significado de Sumisión y con sangre lo transmitieron a su descendencia. Represión achacó todo sufrimiento a la sombra y así los hombres renegaron de la Rebelión, teniéndola por cruel, caprichosa, e inútil.

Siendo las espinas de la Moral sostenidas por la Cultura, venerable y anciana, el Hombre sintió reverencia por ellas y creyó justo el sufrimiento. Su dolor se convirtió en castigo y sus heridas sangrantes fueron infectas por una lepra llamada Culpa, que las hacía fétidas y más dolorosas. A pesar de ello, no existió dolor capaz de aplastar a los guerreros de la sombra, cuya burla y venganza consistía en quebrantar la Moral impunemente.

Cada vez con más fuerza, las hordas de invasores ganaron suelo en la Mente y fueron encontrando aliados a su paso. De todos ellos el más legendario fue Sexo, un guerrero fiero e implacable bajo cuya espada caerían todos los heraldos de Represión. Contaban que Sexo conocía las entrañas del Hombre y que a su comando, todas las vísceras del cuerpo temblaban irresistiblemente. Frente a ese poder, las fuerzas de Represión languidecían.

Por muchas edades, Sexo luchó del bando de los renegados, hasta el día en que Represión fingió dejarse derrotar por él y accedió a ofrecerle el Trono del Ser. Bajo esta promesa, Sexo se entregó desenfrenadamente a su nueva libertad y todas las fuerzas de la sombra se regocijaron de ver coronado su empeño.

Represión observó meticulosamente al nuevo Rey de la Mente, descubriendo sus debilidades y sus fortalezas. Mandó construir un Jardín sembrado de Pornos, la clase antigua de flor a la que se atribuía el Don de enviciar por la mirada. Al verlo, el nuevo Rey quedó atrapado en un remolino de hojas y perdió toda su Fuerza. Las huestes de Represión se lanzaron sobre los renegados que habían abandonado su refugio y los replegaron hacia la sombra, en una estampida que desgarró lo más profundo de la carne del Hombre.

Habiendo perdido a su Héroe de forma tan insólita, los habitantes de la sombra quedaron débiles y dudaron de su lucha, pues aquello que parecía el Propósito, podría convertirse en su Fin.

La nueva victoria restituyó a Represión todo el poder que Sexo le había quitado y le dio un arma que sería causa de dolor para los habitantes de la sombra. En su delirio, Sexo reveló que la raíz de su ímpetu era Fantasía, la sacerdotisa de los Sueños. Sabiendo esto, Represión envió a su hijo Morbos hacia la sombra con el empeño de seducir a la Virgen Fantasía y traerla como rehén al Reino de la Mente.

Morbos cumplió la primera parte del plan, pero antes de completarlo, quedó hechizado por la belleza de la Virgen. Resuelto con más fuerza a tomarla por esposa, la sacó de la sombra. Grande fue su dolor al ver como el menudo cuerpo de Fantasía se disolvía en polvo. Tomando cuidadosamente los restos de su amada, el joven regresó a la sombra y la lloró hasta humedecerla con sus lágrimas. Por obra del Misterio, el cuerpo de Fantasía cobró vida, y de esta suerte, Morbos quedó condenado a sufrir el exilio por siempre, pues toda vez que se aventuraban a salir de la sombra procurando la bendición de su madre, su esposa Fantasía quedaba reducida a cenizas.

Represión se hizo más fuerte que nunca, pues su hijo llevó hacia la sombra el dolor. Morbos enfermó de Vergüenza y Fantasía, llena de Amor, imploró a Misericordia que le revelara el arte de su alivio. Mientras recorría a gritos el Reino de la sombra, descubrió que muchos habitantes padecían el terrible mal. En su andar, encontró una hierba llamada Secreto y con ella alivió las llagas de Vergüenza que atormentaban a su amado. Manchadas sus manos del ungüento, Fantasía sanó a todos y la Fe de los guerreros se robusteció al ver su devoción.

El bálsamo de Secreto mitigaba el dolor, pero no curaba la Vergüenza. Entonces Fantasía rogó conocer el arte de la curación definitiva. Mas, a este punto, Misericordia respondió que no correspondía a Fantasía tal Don, sino al vástago de Morbos que llevaba en su vientre. Y reveló que Vergüenza era la sombra de Culpa y que mientras el cuerpo del Hombre sufriera las heridas infectas de la Moral, no habría cura definitiva para ninguna de las dos. Oído esto, Fantasía supo que estaba en cinta y esperó el día del advenimiento aliviando enfermos.

Cuando la criatura vio la sombra, los habitantes supieron que era hembra hermosa y le llamaron Plenitud, pues plena fue su Esperanza. La pequeña creció y fue Virgen bella y celada por su padre, quien temía la furia devoradora de Represión.

De Fantasía, heredó la sutileza y el Don de escuchar la voz de Misericordia. De Morbos, recibió la seducción irresistible y el misterio de hablar todas las lenguas de los hombres.

Su sangre mestiza dio a Plenitud la capacidad de atravesar a Libertad las fronteras del Reino de la sombra y siendo traviesa, incursionó en la Mente. Así conoció del dolor del Hombre, y de la cruel enfermedad de Culpa que hería su Ser. Conmovida, rogó a su madre que le contara la Historia de los Dos Reinos. Entonces Fantasía lloró en silencio, sabiendo que su amada hija comenzaba a vivir sus propios designios. Le indicó que, tras la frontera de la sombra, más allá del Reino de la Mente, encontraría respuesta a su inquietud y le ordenó partir. Le advirtió que si preciaba su vida, pasara de incógnito por los dominios de su abuela Represión, pues la furia de aquella no conocía límite. Al despedirla, Fantasía ahogó en llanto su pesar, pues bien conocía la bondad del corazón de su hija que difícilmente sería apocado por sus consejos.

Plenitud comenzó su peregrinación hacia donde ninguno había llegado antes. En el camino encontró muchos árboles de Cultura repletos de hombres ensartados en las espinas de la Moral. Viéndoles agonizar de modo tan cruel, la Virgen cortó sus venas para darles a beber de su propia sangre.


Toda vez que la sangre de Plenitud corría por las venas de algún hombre, las llagas de Culpa dejaban de supurar y su carne botaba fuera las espinas de la Moral. Mas, como las ramas de la Cultura eran firmes, donde salían de un lado las espinas, recalaban del otro, haciendo la cura más dolorosa que el mal. A fuerza de tanto quebrarse y sanar, la piel del Hombre se endureció y llegada la hora, Moral no pudo morderlo más. El Hombre estuvo de esta suerte salvo de Culpa y su sombra libre de Vergüenza.

En tanto, Plenitud recorría el Reino de la Mente, ajena a los prodigios emanados de sus continuas oblaciones de sangre. Represión, sabiendo de sus obras piadosas, decidió darle fin con sus propias manos y al intentar estrangularla, el sutil cuerpo de la Virgen se escapó de entre sus dedos, como hecho del material de la sombra. Sólo entonces Represión entendió que el fin de su Reino había llegado. Temerosa y vil, rogó a Plenitud que no le hiciera matar y en su misericordia, la Virgen Redentora le dio de todos, el más severo y justo fin. Represión serviría por siempre al Hombre y a su sombra, procurando su integridad y mostrándole el camino hacia la Plenitud.

Restituyó con su sangre el vigor de Personalidad y le rogó que tomara bajo su tutela a todos los vástagos de la luz y de la sombra, de modo que ninguno fuera tomado a menos. Se cumplía de este modo el plan que Misericordia tenía reservado para el Hombre. Los Dos Reinos fueron Uno, tal como debía ser y tal como había sido siempre sin que ninguno lo hubiera notado.

Terminado de transcribir el Domingo 10 de diciembre de 2006 en la Habana a las 23:32 horas, mientras el Redentor Urano señalaba el poniente.

Este escrito se puede ver también en el sitio http://www.circuloazoth.netfirms.com/